¿Los mexicanos son indios?

¿Los mexicanos son indios? Esa es la pregunta que voy a responder en este post. 

Por supuesto, si eres mexicano, quizá te pongas a la defensiva y digas no me confundas, yo no soy indio, cómo crees, qué no me ves.

Pero si eres extranjero, tal vez creas que los mexicanos somos unos indios, como los de la imagen que se ha hecho popular: de gabán, huaraches y sombrero, sentados en cuclillas a un lado de un nopal.

Pero déjenme decirles la verdad en este texto, respecto a si los mexicanos son indios o no.

Contenido de este post:


  • ¿De dónde proviene la palabra indio?
  • Los españoles ignorantes que creyeron haber llegado a las Indias
  • Cómo se extendió la palabra indio en España por los cronistas de la conquista de española
  • Cómo se propagó el vocablo indio por los historiadores
  • Los indios mexicanos de la Independencia
  • Los indios mexicanos de la Revolución
  • ¿Los mexicanos son indios o no?
  • Los mexicanos si no son indios, entonces que son?
  • ¿Los mexicanos son indios?, últimos comentarios

Como adelanto, te muestro, en la foto, la vestimenta de dos mujeres de la etnia náhuatl, quienes caminan en una de las calles del pueblo. A este grupo humano al que pertenecen las mujeres, la gente lo llama indio.
¿Los mexicanos son indios?
La vestimenta de dos mujeres de una etnia de México.

Leer más...

Nacos mexicanos, quiénes son y cómo descubrir si eres un naco

Los nacos mexicanos, ¿quiénes son? Y cómo descubrir si eres un naco, es lo que voy a tratar aquí.

Mucho se ha escrito sobre el tema, pero aquí voy a desmenuzar como los mexicanos se consideran nacos unos a otros, incluso tú que está leyendo esto, aunque te creas muy nice, muy acá de que las puedes todas, ya porque tienes el varo o porque, pues, vas a una escuela muy popof, seguramente eres considerado naco por alguien.


Nacos mexicanos, quiénes son y cómo descubrir si eres un naco



Para entender bien el asunto vamos desglosar el post así:

  • Naco, significado
  • Naco igual a indio
  • Nacos mexicanos, que significa
  • Nacos mexicanos quiénes son
  • Cómo descubrir si eres un naco
  • Nacos mexicanos, quiénes son y cómo descubrir si eres un naco, conclusiones

Naco, significado

El vocablo naco, en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española significa indio

No dice más.

Líneas adelante abordo el concepto de indio entre los mexicanos.

Ahora prosigo con el vocablo naco.

El Diccionario de Mexicanismos refiere que naco en México se le dice a alguien que no tiene educación, que es un indio, que es ignorante o que tiene un bajo nivel cultural.

Ejemplo: "No seas naco, no truenes los labios al comer"

También se usa la palabra para decir que algo es de mal gusto.

Ejemplo: "Ese pantalón se te ve muy naco".

O sea, con esa expresión se le está diciendo a alguien que el pantalón se le ve muy mal o que no va de acuerdo con el resto de sus ropas.

Asimismo, el Diccionario de Mexicanismos considera que probablemente el vocablo naco deriva de la palabra "totonaco"

Eso es lo que refieren los diccionarios.

Pero los mexicanos utilizamos el término naco con un tinte denigrante y racista.

Cuando decimos que alguien es naco le estamos diciendo muchas cosas de un tajo: que es un jodido, que no tiene educación, que tiene mal gusto, que es un indio.

Pero sobre todo, el que emite el calificativo de naco se cree superior: naco es el otro, yo no.

Naco es un insulto fuerte. 

Equivale casi a una mentada de madre.

Se le dice naco al otro para recordarle su condición de pobreza, su falta de instrucción escolar, sus malo modales.

Decirle naco a alguien, es señalarle que es de los más bajos estratos sociales.

Por eso al decir a otro "no seas naco...", se le está diciendo pareces o eres de la clase jodida, pelada, de México.

Nacos mexicanos, te adelanto, serían calificados así aquellos que tienen malos modales y que hacen cosas de mal gusto. A los hombres de la imagen, pintados de la cara, los tres, de sombrero el del centro, podrían ser calificados fácilmente como nacos mexicanos.


Nacos mexicanos, quiénes son y cómo descubrir si eres un naco
¿Son unos nacos mexicanos?

Leer más...

Piropos mexicanos bonitos para mujeres

Si quieres halagar a alguna dama con alguna frase corta y cautivadora, este post debería interesarte, ya que expondré los más usuales piropos mexicanos bonitos para mujeres, y que a ellas les agradan.



En este post vamos a ver:

  • 1. Piropo, significado
  • 2. Piropos denigrantes
  • 3. Tipos de piropos mexicanos
  • 3.1. Piropos groseros
  • 3.2. Piropos elegantes
  • 4. Aquí están los piropos mexicanos bonitos para mujeres
  • 5. Los piropos mexicanos bonitos para mujeres
  • 6. ¿Y tú qué otros piropos mexicanos bonitos para mujeres conoces?



Piropos mexicanos bonitos para mujeres


Los mexicanos somos muy ingeniosos para acuñar y lanzar piropos a la damas.

Antes de proseguir, para que entendamos lo mismo sobre lo aquí tratado (tú que lees esto y yo que escribo), vamos a definir el vocablo base:




Piropo, significado


El Diccionario de la Real Academia Española define al piropo así:

"Dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer".

De esta definición rescatamos lo siguiente:

Que el piropo es:


  • Dicho breve
  • Resalta cualidades
  • Adula las virtudes de la damas
En esta foto de épocas anteriores, se observa cómo los hombres lanzan piropos a esta preciosa dama de vestido entallado; nota cómo ellos están embelesados con el andar cadencioso de la mujer objeto de los piropos.
Piropos mexicanos bonitos para mujeres
Piropeando a la dama.

Leer más...

7 Cosas que no debe hacer un chilango en provincia para regresar a salvo y disfrutar

Si te preparas para ir a un lugar del interior de México o ya vas en camino, esta información te podría ser útil, ya que expongo 7 cosas que no debe hacer un chilango en provincia, para regresar a salvo y disfrutar al máximo la estancia fuera de la metrópoli capital.

Vamos a ver en este post lo siguiente:


  • 1. Lo que no debe hacer un chilango en el trayecto a provincia
  • 2. Lo que no debe hacer el chilango en provincia es considerarse  mejor que los provincianos
  • 3. Qué no debe hacer el chilango al pasar por pueblos y ciudades de provincia
  • 4. Lo que no debe hacer en la playa el chilango, si no quiere caer en el rídiculo
  • 5. Lo que debe evitar el chilango en fondas, restaurantes y mercados
  • 6. Chilango no busques la misma comida chilanga en provincia


Así que ya tienes las maletas listas, eh, ¿o ya vas en camino? Deberías tomar un pequeño tiempo para leer este post, donde expongo sugerencias de comportamiento a fin de disfrutes más tu viaje y puedas regresar bien al defe.

¿Y tú quién eres, para darme sugerencias sobre la forma que debo conducirme?, te preguntarás, y con justa razón: no me he presentado.

Mira, yo soy un chilango que desde hace más de 15 años vive una temporada en una ciudad sureña de México; y otra, en la urbe de hierro.

Estas estancias alternadas en la Ciudad de México y en la provincia, me han permitido captar las diferencias del comportamiento del chilango y del provinciano.

Así que de manera resumida digo: soy un chilango en provincia.

No creas, en mis primeros días en la provincia cometí acciones que causaban risa, molestia o burla de los provincianos.

Por eso ahora, para que no te pase lo que a mí, voy a decirte las 7 cosas que no debe hacer un chilango en provincia para regresar a salvo a casa y también disfrutar al máximo la estancia en provincia.

En la imagen, dos ángulos, la ciudad chilanga y un pueblo de provincia. Dos polos que conviven: los chilangos y provincianos.


Cosas que no debe hacer un chilango en provincia para regresar a salvo
La ciudad chilanga y un pueblo provinciano

Leer más...

Cosas que a un chilango en provincia le impacientan de los provincianos


Te miras allí o te recuerdas allí, con la mandíbula apretada, corajudo por la tardanza en que te preparan esos tacos, y, estás a punto de pararte de la silla y marcharte a otro lugar, pero en todos, has notado, reina la calma, como si tu hambre pudiera esperar para mañana...Y, entonces, mucho después, al recuerdo le dices que ésta es una de las tantas cosas que a un chilango en provincia le impacientan de los provincianos.

Porque te asumes chilango, con orgullo, seas o no oriundo de la ciudad de México... Y luego, te rascas la abundante cabellera, tomas distancia en la manera en que contarás tus vivencias en provincia, por lo menos en esta ocasión.

Y dejas la voz narrativa en segunda persona, pues, crees, para una mejor explicación este modo de contar las cosas no es el más idóneo. 

Así que, aunque la narración pierda el ritmo del inicio, procedes la exposición de este post con voz narrativa en primera persona:

Te voy a contar cosas que a un chilango, al estar en provincia, le molestan de los provincianos. Esto, para que conozcas o te reconozcas en los hábitos que distinguen a quienes viven en la urbe de hierro de México y en las ciudades colindantes.

El tema lo voy a abordar así:

1. Que es un chilango
1.1. Características del chilango
2. Qué es un provinciano
2.1. Características del provinciano
2.1.1. Provinciano no es un adjetivo despectivo
3. Diferencia entre chilangos y provincianos en el modo hacer cosas semejantes
3.1. Actitudes de un provinciano al abastecerse de gasolina
3.2. Tardanza de los provincianos en despachar comidas
4. Molestia de un chilango en provincia cuando le llevan la torta que ha pedido

Si eres un chilango que alguna vez has estado en alguna ciudad, pueblo o ranchería del interior del país de México, vas a recordar vivencias similares.

En caso de que seas un chilango que nunca has estado en provincia deberías leer este post completo, para que sepas lo que te espera en algún viaje o estancia en algún lugar del interior de México.

Y si eres alguien que radica en el interior del país, al leer esta información tal vez entiendas a los chilangos o te compadezcas de ellos.

En la foto, un chilango, con una peculiar vestimenta de luchador.


Cosas que a  un chilango en provincia le impacientan de los provincianos

Leer más...

No manches, no mames lo que en realidad significan en México


Se abordan aquí, la expresiones no manches y no mames, y se aclara, sin censura, lo que en realidad significan en México.



No manches, no mames, lo que en realidad significan en México


Estas expresión tienen varios significados.

En México son de uso general en el habla coloquial.

Para aclarar a profundidad dichas expresiones vamos a abordar la cuestión así:


  • 1. No manches, significados más comunes en México
  • 2.No manches, lo que en realidad significa en México
  • 3.No mames, lo que en realidad significa en México
  • 4. No manches, no mames expresiones para denigrar e insultar
  • 5. Por qué se ha aceptado casi en todos los niveles sociales la expresión no manches.
  • 6. Conclusiones en torno a no manches y no mames



No manches, significados más comunes en México


En este país, la expresión "no manches" tiene varias acepciones: no la riegues, no jodas, no seas ridículo, no hagas tonterías.

Son, los anteriores, alusiones suaves de esa expresión.

Pero, no manches, lo que en realidad quiere decir en México es: no mames.

Es, pues, "no mames" una expresión muy fuerte en la sociedad mexicana; por lo que para querer decir lo mismo se ha generalizado más "no manches", pues ésta, como dice Carolina Reymúndez, "es la versión más nice de no mames".

Sin embargo, cuando alguien dice "no manches", en realidad dice "no mames".

O sea, "no manches" es un eufemismo de "no mames".

Este hombre de la foto, con la mamila en la mano, es alguien que al verlo se lo podría: "no manches" o "no mames"; como diciéndole: ya estás muy grandecito para andar tomando mamila. O, también, al mirarlo, alguien podría expresar: ¡No manches!, asombrado por mirar a este hombre de bigote con mamila en mano.


No manches, no mames lo que en realidad significan en México
¡Ah, no manches, míralo!



No manches también significa sorpresa



También "no manches" connota sorpresa de algo.

Por ejemplo ante un hecho inesperado como el incendio de un vehículo, es muy común que alguien asombrado vea las llamas y exprese: "no manches, mira..."




Significado de no manches para ingenuos


Alguien que no conoce el lenguaje coloquial de México y los dobles sentidos de las frases, pudiera, quizá, pensar que "no manches" significa no manchar, no ensuciar.

Pero eso, no quiere decir esa frase.

Solo los ingenuos o quienes desconocen la intensionalidad de la frase no manches pueden pensar que ésta significa no ensucies.


No manches, lo que en realidad significa en México



En el habla cotidiana de la sociedad mexicana se adaptan vocablos más suaves de otros más fuertes, para no causar mucha molestia social.  Así, por ejemplo, en lugar de pendejo se dice menso o tonto

Y en vez de "no la chingues", se dice "no la chifles"; o de un modo más elegante: "no la chifles que es cantada".

De manera, pues, que cuando alguien oye la última expresión, y no conoce los dobles sentidos de muchas frases mexicanas, tal vez piense que se le está diciendo a alguien que no chifle alguna canción, pues ésta es cantada.


No manches significa no mames


Ya vimos, líneas antes, que no manches, en realidad en México significa no mames.





También ya vimos unas alusiones.

Pero en el sentido profundo, esta expresión quiere decir algo más.


No mames, lo que en realidad significa en México


No mames viene del verbo mamar.


De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), una de las acepciones de mamar es: Atraer, chupar, sacar, con los labios y la lengua la leche de los pechos.

Y otro significado de este verbo es: hacer una felación.

Y felación es estimularle a otro el miembro viril, con la boca.

Hay más significados de la palabra mamar, pero son estas dos las que dan el doble sentido de la frase no manches.

Aunque no mames es igual a decir no manches y viceversa, y ya vimos los significados suaves de estas expresiones, en realidad estos términos conllevan un significado más profundo.



No manches, no mames expresiones para denigrar e insultar


Así, cuando alguien le dice a otro no manches o no mames, le puede estar diciendo que es un inmaduro, un escuincle, que todavía mama leche materna; o sea es alguien no maduro.

Por otro lado, con esas expresiones se le puede estar diciendo a alguien que succiona el líquido del miembro viril, pues al semen, en México, también se le dice leche.

Asimismo, al decir a alguien no manches o no mames, aparte de decirle que ya madure, se le está diciendo que ya deje, pues, de estimular el miembro viril con la boca.

De ahí que, con el con doble sentido más profundo, se le dice a otro: "ah, ya no mames, güey", o "ya deja de mamar" o "no la estés mamando" o "no seas mamón".

Pero, quienes dicen no mames o no manches, a veces no reparan en los significados de doble sentido.


Dicen esas expresiones sin intentar ofender, algunos; otros, en cambio, los conocedores de los dobles sentidos de esas frases, las usan para poner en ridículo al otro o para insultarlo.


Por qué se ha aceptado casi en todos los niveles sociales la expresión no manches


No manches, decíamos, tiene más aceptación en los diversos núcleos sociales. Incluso no causa escozor en las conciencias que la oyen.

Tan es así que, incluso, en la televisión, una de las instituciones más conservadoras de México, un programa se llamó "no manches".

Y actualmente en este país es cotidiano oír entre los jóvenes y en algunos adultos la frase no manches.



Conclusiones en torno a no manches y no mames


Expresiones como no manches o no mames son muy socorridas en el lenguaje cotidiano mexicano, las cuales tienen significados suaves, pero también de doble sentido para insultar o denigrar, y ya vimos lo que en realidad significan en México. ¿Conoces otros significados de esas frases? Escríbelos aquí.

Leer más...

Quiénes son los chilangos



By Javier Torres Aguilar

Que si te ven caminar en la playa con tenis, que si tu cabellera es abundante, que si te apresuras a parquear tu coche donde otro automovilista ya iba dejar su unidad o que si tu atuendo es desaliñado, no falta que alguien, en algún lugar del interior del país, te clave la mirada y suelte en tono despectivo: Seguro ha de ser un chilango. Y es que en el imaginario colectivo de provincia se han creado y subsisten las peores etiquetas para aludir a un chilango, sin tener claro que es un chilango o quiénes son los chilangos.


Para los provincianos, un chilango es alguien de la peor calaña: abusivo, alebrestado, ratero, desaliñado, maleducado; es un tipo no confiable.

Quizá, la percepción que se tiene en provincia del chilango se deba a que éste en la ciudad de México y sus alrededores, donde se desenvuelve, ha adquirido patrones de conducta que la propia urbe le ha impregnado, los cuales, como es natural, los deja ver en sus estancias o paseos en lugares de provincia. 

En otra entrada, esbocé el por qué el chilango es alebrestado, gritón, impaciente, gandaya, por lo que ya no abundaré más en ello.

Sin embargo, el chilango no es como los provincianos lo etiquetan. 

Sí es cierto, siempre se conducen a prisa, como si la vida se les fuera a acabar.

También es cierto, que si, al conducir, observa que algún auto intenta metérsele justo adelante, acelera la marcha e impide la maniobra del otro conductor; como también es verdad que su modo cantadito del habla lo delata. Pero el chilango no por ser chilango es ya ratero, bribón, pues de esta clase hay en cualquier lugar.

Es sí, hay que renocerlo, alburero. 

Y, a veces, se vale de señas para emitir un mensaje, como en la imagen, donde con el puño cerrado y el índice hacia arriba se connota poder, o ya te jodí, o me la pelaste...


Quiénes son los chilangos
El albur, el doble sentido, caracteriza al chilango y al mexicano



Quiénes son los chilangos, origen del nombre


Quizá la noción que se tiene del chilango en provincia esté asociada a la propia acuñación del término chilango. 

En realidad el origen preciso del vocablo es desconocido. 

Existen varias versiones de cómo surgió el vocablo para referirse a núcleos de personas que se desenvolvían en el Distrito Federal. 



Los chilangos eran los más jodidos


Quienes son los chilangos, origen del vocablo. Desde que nació la palabra ya llevaba toda la carga despectiva que continúa vigente en provincia. 

Se cree que los nativos de la urbe de hierro les empezaron a decir chilangos a los provincianos que iban a ganarse la vida a la ciudad capital, porque éstos, pobretones, recién llegados, apenas tenían dinero para comer mucho chile. 

En esta versión del surgimiento del vocablo, la misma palabra ya llevaba en su origen el sello de la burla, el albur y jiribilla: eres chilango porque comes chile, o comes mucho chile o comes puro chile, en alusión también al doble sentido que los mexicanos atribuimos a la palabra chile: miembro viril. 

O sea, con el calificativo se buscaba ofender: al decirle a alguien chilango, era para indicarle su condición de pobreza, pues no tenía dinero más que para alimentarse de chiles; pero sobre todo era para ofenderlo, pues se le decía en el doble sentido: eres chilango porque te gusta el chile, la ñonga; o sea lo rebajaban a la condición de mujer o maricón, ya que para el macho mexicano es propio de las mujeres y maricas el disfrute del miembro viril.

Se cree que en un principio, se llamaba chilangos a los emigrados al Distrito Federal, los fuereños que invadían la ciudad. Es decir, era un epíteto para señalar la condición distinta del chilango: un fuereño, intruso, que le gusta el chile, que come puro chile, en el doble sentido del vocablo.



¿De dónde proviene la palabra chilango?


Otra versión del origen de lapalabra chilango refiere que el término aludía a personas de la más baja condición social. Esta la cuenta Gabriel Zaíd. El ensayista cita fuentes que refieren que el vocablo proviene de shilango, el cual se usaba en Veracruz. Y como ejemplo cita un encabezado del periódico Dictamen, publicado en 1957: “Los chilangos en el mercado de Zaragoza”. Refiere Saíd que a su vez shilango proviene del maya xilaan. Las fuentes consultadas por el ensayista apuntan que shilango era la forma popular de llamar en Veracruz “al habitante del interior, en especial al pelado de México”.

Una fuente más citada por Zaíd (Cesar Corzo Espinosa, Palabas de origen indígena en el español de Chiapas, Costa Amic, 1978, pp.95 y 96.) apunta que chilango deriva del náhuatl Chilan-co, vocablo con el cual se hacía referencia a los habitantes de la ciudad de México, en alusión “al color de su piel, enrojecida por el frío” y que, apunta la fuente de Saíd, "este mote se aplicaba a los aztecas por los nahuas del Golfo de México".



Quiénes son los chilangos, de dónde vinieron


Pero la carga peyorativa del término chilango, podría haber llegado a la Ciudad de México a través de los viajeros veracruzanos, pues en aquella región se llamaba shilango "al pelado de México", a la persona del rango más bajo de los estratos sociales. 



Palabra chilango ligada al vocablo pelado


En México, el vocablo pelado por un lado alude a aquel pobretón, al sin dinero; pero por el otro, al individuo sin educación, grosero, malhablado, alburero. Si alguien le espeta a otro: Eres un pelado. Es para ofenderlo; en esa frase se le refriega que es una persona jodida y grosera y que pertenece al núcleo social más bajo de México.


Quiénes son los chilangos, la historia de por qué se le llamó chilangos


Entonces, a esa carga significativa del vocablo pelado, con la cual se aludía al chilango de Veracruz, se le agregaron otras aluciones en la ciudad de México. En la capital del país el término se enriqueció; en un principio, los nativos de esa ciudad al calificar a alguien como chilango era para señalarlo como el más jodido y grosero de la clase social; pero también era para indicarle que le gustaba el chile en su significado literal, pero también en el doble sentido.

En la ciudad de México, la carga despectiva del vocablo chilango persistió durante muchos años, tan es así que en 1982, El Pequeño Larousse ilustrado aún apuntaba que la palabra chilango hacía referencia al nativo de la ciudad de México, especialmente de la clase baja. O sea, chilangos sí eran los oriundos del Distrito Federal, pero no todos, que caray, siempre ha habido niveles; el calificativo tenía un destino especifico: los nativos más jodidos de la urbe capital.

Diez años después, en 1992, los ligüistas le quitaron lo despectivo y parcial al vocablo chilango, pues a partir de ese año los diccionarios consignaron que esa palabra alude al que es originario de la ciudad de México. Ya no especifica a qué grupo social pertenezca.



Quiénes son los chilangos según los lingüistas


Actualmente el Diccionario de la Real Academia Española consigna que chilango alude al natural del Distrito Federal o “perteneciente o relativo” a esa ciudad. O sea, precisa que chilangos son todos los que viven en la urbe de hierro, no importa si nacieron allí o no. 



Los de la Ciudad de México ya todos somos chilangos


Entonces, albricias, ya con el visto bueno de la académicos de la lengua española, ya todos los defeños somos chilangos, sin distinciones. No por ser chilangos somos ya pelados, de la clase baja, pobretones que les gusta el chile. ¡Ahora todos los de esta metropoli somos chilangos no importa si somos empleados, mendigos, políticos o empresarios!

Pero, es de suponerse que desde antes que los ligüistas incluyeran en el vocablo chilango a todos los que viven en la metrópoli capital, no importando el lugar de nacimiento o el nivel social, los fuereños y pobretones de la capital ya se habían apropiado el término para autodenominarse chilangos, pero ya sin la carga ofensiva; sino ahora era para acentuar su pertenencia a la Ciudad de México, donde todos son astutos, atrabancados. 


Es de suponerse que eso haya ocurrido, porque los lingüistas rehacen o aprueban el significado de las palabras, años después de que su uso ya es común en las regiones donde se hablan esos vocablos.


Entonces, ya revalorizado y enaltecido el significado del término chilango con el que habrían empezado a autodenominarse los fuereños que viven en esa metrópoli, el vocablo transmutó; de insultante el significado pasó a ser elogio. Ahora, los residentes de la Ciudad de México con orgullo se dicen chilangos. 


Pero también hay otros grupos que se asumen desde hace mucho como chilangos: los residentes de la llamada pomposamente zona conurbada y que engloba los municipios colindantes con la urbe capital, entre los que están Nezahualcóyotl, Iztapaluca, Chalco y Chimalhuacán. Las razones de por qué los habitantes de la periferia de la ciudad capital se consideran chilangos, las expondré en otra entrada.

Si en la urbe de hierro el término chilango denota pertenencia y por tanto es como un elogió, en los estados del interior del país, el vocablo chilango aún lleva toda una carga despectiva, que ya abordé en otra entrada.


Creo que este post titulado Quiénes son los chilangos ha alumbrado un poco el origen del vocablo. Si tienes algún comentario al respecto, puedes hacerlo en la caja de comentarios, ubicada en el inferior de de este escrito.

Leer más...

Apuros de maestra chilanga en universidad provinciana

By Javier Torres Aguilar
La escena así: Desde adentro de la unidad, un automovilista de Chilpancingo, en la ciudad del mismo nombre, mira que el vocho blanco empieza a avanzar en esa convergencia  de vías; atrás hay más autos en fila, pero Roberto, llamémoslo así, sabe que los demás no avanzarán por el momento, esperarán su turno, pues, de acuerdo a las reglas no escritas pero aceptadas por la mayoría del lugar,  en los cruces de vías donde no hay semáforos, pasa un auto de una calle y luego el de la otra, o sea, uno y uno, pues. Así que Roberto ya tiene el pie en el acelerador para avanzar, pues ya le toca cruzar, pero en eso, repentinamente, aprieta los dientes al mirar cómo otro auto ya avanza muy  pegadito al vochito; Roberto, al no poder cruzar la vía en ese momento, escudriña al chofer que le ha ganado el paso. “Ha de ser un chilango”, dice sin despegarle la vista; su acompañante de Roberto asoma la cabeza por la ventanilla, escaneando con la mirada al tipo del auto que les ha ganado el paso, quizá como buscando señales de los rasgos visibles que en provincia se tienen de los chilangos: greñudos, tatuados, desaliñados. Las otras características que en provincia se asocian a los chilangos, es difícil que Roberto y su acompañante las noten en ese conductor que les ganó el paso: abusivos, sucios, pillos, bribones, alebrestados.
Lo cierto, y según lo ha palpado este chilango que ahora vive en Chilpancingo, en ciudades del sur de México, cuando a alguien le dicen chilango es como para endosarle de un tajo todo lo nocivo que según en provincia es un chilango. O sea, al calificarte de chilango, te están diciendo que eres un gandaya, una persona no confiable; un abusivo que no respeta el modo de vivir en provincia; cuando te oyen hablar con tu tono cantadito o dices que eres del defe, te escanean con la mirada y no falta a veces quien suelte: uh, un chilango. En la frase está ya el tono despectivo con que te aluden. Eres un intruso indeseable en provincia, pues representas un peligro para las buenas costumbres y tranquilidad de las personas. Ese es, en provincia, el estereotipo del chilango.

Pero, ahora volteemos el ángulo del enfoque, veámoslo desde la óptica de un chilango, que está de paseo o tiene poco de radicar en un estado sureño del país: éste se desespera por la calma cómo se conducen los de provincia: Si el chilango, por ejemplo, está esperando cargar combustible, le clava los ojos al conductor de adelante, quien, pese a que ya se abasteció de gasolina, con una tranquilidad incomprensible para el chilango, aquél camina a su auto, se sienta, mira pa los lados y por fin avanza, mientras que el chilango tamborilea el tablero del auto, desesperado; algo similar pasa cuando el chilango pide unos tacos en un puesto: el cocinero, corta la carne con una gran parsimonia, como si la carne se fuera enojar si le pasara el cuchillo de manera rápida.  Son pequeños detalles de los contrastes entre los chilangos y los de provincia. Los primeros acelerados, como si el mundo se les fuera acabar en ese momento; los segundos, calmudos, como si no les importaran los minutos que corren. Y hay más de estos contrastes que a veces se asoman por otros ámbitos. En Chilpancingo y quizá en otros lugares sureños de México, hay núcleos cerradísimos que impiden a toda costa que un chilango penetre a sus esferas. Cuento un caso: una académica del área de las ciencias sociales, con grado de maestría, formada en una institución pública de México, por una rendija de la cerrazón se logró colar como docente en la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGRO); la rendija se la había abierto un conocido de ella. El núcleo de los académicos cerró sus tentáculos, no fuera ser que ella, esa chilanga con grado de maestría, les fuera a tumbar la plaza; la académica en cuestión había llegado en calidad de docente interina, por contrato determinado. Con su indumentaria al estilo jipi, de jean y morral al hombro, la mujer treintona, tenía en su contra el vestir desaliñado y ser soltera a esa edad. Y si a eso le agregamos que era, parecía, hablaba y se conducía como chilanga, pues, de entrada ella supo que tendría que luchar fuerte contra los núcleos cerrados de la UAGRO. Los catedráticos no solo la veían y trataban con desconfianza, sino que empezaron a calumniarla: que no había llegado a la catedra por sus conocimientos, sino que ella estaba ahí porque había entrado en la intimidad con el director de la academia; y rumores de ese tipo se esparcieron en ese pequeño núcleo universitario; no le perdonaban el ser una mujer soltera a esa edad, vestir como jipi, estar bien preparada académicamente y ser chilanga; pero más les preocupaba que esa fuereña les fuera a tumbar la plaza. Así que la hostigaron tanto que ella no aguantó más los ninguneos, las malas miradas, el rumoreo en su contra, y al terminar el semestre metió sus libros en su morral y se regresó al defe, con esa amarga experiencia. Ahora ella es catedrática de una reconocida institución pública de educación superior en México. Así se mueven los grupos de poder en las escuelas públicas de Chilpancingo. Ante la casi nula oferta laboral académica, defienden con todo sus puestos de trabajo. El caso anterior, quizá sea un reflejo social de la animadversión entre chilangos y los que viven en estados sureños del país. Los de provincia, consideran que todos los viven en la Ciudad de México y sus alrededores son chilangos, con toda la carga peyorativa que le atribuyen al término. Y tienen razón en parte. Únicamente aciertan en que todos los que radican en la urbe de hierro son chilangos. Lo demás está para debatirse. Pero esto lo abordaré en otra entrada.
Leer más...

Los chilangos vs los provincianos



By Javier Torres Aguilar


Llegas a una ciudad del sur del país o del norte o del este o del oeste, y cuando te oyen hablar cantadito, muy ñero, muy al estilo de barriada de la pelicula mexicana de antaño Escuela de rateros: Ah, eres chilango, mano. Los provincianos, pues, te etiquetan sin conocerte, y entonces chance te preguntes quiénes son más gandayas, lo chilangos o los provincianos.


Chilangos vs provincianos

Pero ya te tildaron de chilango, asi que de ahí p’al real, las miradas que te escudriñan, que te vigilan a ver si no les agandayas el lugar del estacionamiento o la novia o les birlas la cartera o… pues eres chilango, o sea un gandaya, abusivo, pocamadre, y otras etiquetas parecidas; te miran con desconfianza, pero tú, si tú, que por alguna razón eres un chilango que estás en un lugar del interior del país, entonces chance sonrías y quizá pienses pinches provincianos; y ellos: pinches chilangos. La animadversión. El recelo entre los chilangos y provincianos; o sea, entre del defe y sus alrededores versus el resto de la República Mexicana. 

Y es que los chilangos, quizá por las prisas de la vida citadina o por la escasez de empleo o por el gentío con las que se lidia siempre en los apretujenos del Metro o por las prisas que tienen por llegar a su casa pero, ay güey, está enorme la fila para tomar el micro, por esos y otros ajetreos se vuelven, nos volvemos, te vuelves gandaya. 

Lo cierto es que por las prisas de la vida citadina, tienes que correr al asiento del vagón del metro, te lo agandayas o te lo agandayan, no hay de otra; y por eso mismo, por las prisas, no cedes el paso al auto de al lado, cuyo chofer te mira con cara de tevoyapartirlamadre; y aquél que te pita y te grita chingatumandre y tú se la devuelves, y, si los ánimos no se encienden más, hasta ahí; y cada quien a su destino, a lidiar con la ciudad, con el semáforo que no cambia al verde, y entonces volteas, buscas al poli, y no lo ves y te pasas el alto y entonces, adelantito ahí te sale el poli, siempre estuvo ahí, y te dice mire joven…, y no lo dejas terminar y te defiendes es que llevo prisa mi oficial, y él se acomoda la gorra, esboza una sonrisa, como inflándosele la vanidad por lo de oficial, y tú ya en ese momento le das la mano con el billete de a cincuenta o de a cien, y aquél: pero que no se vuelva a repetir mi joven, que estamos para cuidar, y tú que te arrancas y piensas pinche poli gandaya. Y así, la cotidianidad en la urbe. La ley del asfalto. Te tienes que fortalecer para sobrevivir; si naciste en el defectuoso, Neza, Iztapaluca o en cualquier otra ciudad que se conoce pomposamente como la zona conurbada o llegaste muy pequeño a esa región y te desarrollaste allí, entonces aprendiste a crecer con las prisas por llegar a la escuela o al trabajo; la ciudad es tu medio natural; sabes cómo cuidarte del carterista o de aquéllos que ya viste que subieron al micro y le alcanzaste a mirar la pistola o el cuchillo y sabes que van a atracar, y entonces, rápido, te acercas a la puerta y tocas el timbre; pero no es parada, güey, te grita el chofer, y tú, golpeando la lámina, que bajan ya, y entonces se abre la puerta lateral y tú casi vuelas mientras el micro medio se detiene, y ya estás libre por esta vez del atraco, pero sabes que esto es con lo que tienes que lidiar con regularidad, en la jungla de hierro y de las prisas, y eso lo saben bien los chilangos; y los provincianos no.


Los chilangos vs los provincianos



Por todo eso, y otras cosas que se te escapan ahorita, los chilangos son así de alebrestados, no esperan que les den las cosas, las agarran; no piden permiso, se adelantan; no ceden el paso a otro carro, le cierran el paso; acostumbrados al escándalo, pitan el claxon a cada rato; y todo eso consideras engloba el término gandaya, o sea, el apresuramiento, sin pedir permiso, para conseguir algo; no concuerdas con la definición hecha por algunos eruditos de la lengua, quienes apuntan que agandayar alude a bribonear a pillar. Y menos concuerdas con la acepción del Diccionario de la Real Academia Española que apunta que gandaya (ahora sí en redondas las letras del vocablo) se le dice a un vagabundo o a quien no tiene ocupación fija. Crees que los lingüistas de ese diccionario no investigaron a fondo el significado del término gandaya, pues bien sabes que entre los cuates se le dice así también a aquel que es brabucón, que, por ejemplo, sin decir agua va ya le está partiendo el hocico a quien le mentó la madre, o aquel que le gana la silla a otro; o sea, un gandaya también es aquel que se apresura a conseguir algo, a la brava; pero no es un bribón, y menos un pillo; el que los chilangos sean gandayas no significa que sean haraganes o rateros –que de esta clase hay en todos lados-. Son apresurados para conseguir las cosas, porque así están acostumbrados a vivir, por los ajetreos de la ciudad, por las leyes no escritas de la supervivencia en la urbe.

Y, entonces, los chilangos o provincianos, quiénes son más gandayas, te preguntas ahí parado, peinando con las manos tu larga cabellera encrespada, mientras sientes las miradas filosas que te escudriñan, ahí en el estacionamiento del mercado de este pueblo grandote de provincia.
Leer más...

Las tragedias del sismo como espectáculo para adormilar


Después del sismo, éste equiparable casi al del 85, las televisoras se adueñaron de las tragedias de los moribundos y de aquellos posibles sobrevivientes. Los ojos en los celulares que emiten la señal de las tv. Son incontables los espectadores embelesados con la niña Frida Sofía que, vociferan las televisoras, pronto, ya merito,  será rescatada. Y así han pasado horas, más de 48, y nada, que sólo asomó una mano, que ya dijo esa niña que hay más niños con vida debajo de los escombros que produjo el temblor del 19 de septiembre en el colegio privado Rebsamen,  que ya entraron los perros y no encuentran a la niña ni a las otras que dijo estaban con vida. Y la gente, la que se deleita con la tragedia, con nuestra tragedia humana a raíz del reciente sismo, pegada a la tv, al celular que emite la señal ésa, esperando el milagro que han hecho creer las pantallas televisivas sucederá; pero en realidad, esperarían los directivos de esas voraces empresa de comunicación no rescataran pronto a la infante, pues se les acabaría esa tragedia que han convertido como espectáculo, del cual mucho hemos sido atraídos (es mejor que una película, pues sabemos que es real); y con esa tragedia de la niña Frida Sofía han ganado rating y, obvio, dinero con los anuncios publicitarios. Y además, a la gente, a nosotros se nos olvida lo más importante, lo que vendrá después del sismo: qué habrá escasez de alimentos, que encarecerá más la vida, que habrá más desempleo, que se recrudecerá la delincuencia, que se pondrá cabrón, pues, el panorama económico de la Ciudad de México y del país. Pero no nos sorprendamos, que las televisoras y otros medios electrónicos, léase radio,  cumplen bien su papel de, en lo político, desviar la atención pensante y colocarlo en las trivialidades, en lo cotidiano que engatusa al espectador, y así alejarlo de posibles conjeturas de cómo cambiar el rumbo político de este golpeado país por los gobernantes en turno.
La tragedia como espectáculo cumplió su papel de hacer que la gente olvidara aunque sea momentáneamente sus problemas de supervivencias; y además se habrán embolsado millones por publicidad a raíz de la cobertura del rescate de la niña que al parecer no existe, que sólo es un invento mediático para distraer la atención de los problemas nacionales.

Las telenovelas y otros programas ñoños cumplen el papel de adormilar el pensamiento, pero es más efectivo un hecho real como la tragedia de la supuesta niña Sofía, esa que al redactar esta nota al parecer se esfumó como un fantasma creado por los propios medios, pues voluntarios y madres de ese colegio privado donde sucedió la tragedia, ya dicen que esa niña no existió. Pero ese hecho convertido en espectáculo por las televisoras, por más de 48 horas ha cumplido su cometido de desviar la atención de la población media de México; pero ya vendrá otro suceso sobre el cual las tv y otros medios electrónicos y las redes sociales encontrarán para mantenernos embaucados;  apaciguados con la droga mediática de las tragedias como espectáculos televisivos.
Leer más...

Duda o Consulta, Hazla Ya, Aquí

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *